lunes, 18 de enero de 2016

¡QUE BIEN ME VEO!






Esta es una de esas veces que no tienes nada que decir, nada que hablar, nada que contar, pero no tienes nada, nada mejor que hacer.
Te posicionas delante de un folio en blanco, bueno, en este caso delante del Word en blanco o la pantalla en blanco, o la mente en blanco, aunque delante de esta última no puedes, a no ser que tengas un desdoblamiento astral, que a la luz del día, consciente y sin ninguna ayuda química se me hace harto difícil.

Y es que esa experiencia extra-corpórea, esa sensación de estar flotando en una nebulosa ,si alguna vez lo habéis sentido, es placentera. Vemos nuestro propio cuerpo desde arriba plácidamente durmiendo, en un ambiente de tranquilidad y sosiego.

Es curioso, no percibimos las lorzas que habitualmente descubrimos en la proyección de nuestra imagen en el espejo, nos vemos jóvenes, delgados, con pelo, sin canas, es la imagen que tenemos nosotros de nosotros mismos, tal como espiritualmente nos componemos y tal como queremos que nos vean.

En nuestro interior, seguimos igual, como siempre, pero tenemos dificultad para hacer ver nuestra esencia a los demás.

Ese “nosotros mismos” ¿Nos gusta?. Creo que si, a todos.
Lo que no nos gusta tanto, es el nosotros que los demás ven.

Cuanto tiempo pasamos intentando que lo descubran

!Ay, cuánta dificultad!

Y a ese esfuerzo supremo e inhumano que nos emplea la mayor parte del tiempo que pasamos en sociedad, ¿Cómo lo llamamos?...

Los chavales jóvenes lo llaman “postureo”, bueno, si, correcto, es un neologismo usado especialmente en el contexto de la redes sociales y las nuevas tecnologías, para expresar formas de comportamiento y de pose.

Nosotros los más talluditos lo hemos llamado siempre “fachada” del latín facies y del italiano facciata, "cara exterior", pero creo, que es lo mismo.

Y en esencia, yo os pregunto:
¿No es cierto ,que lo que en verdad es una persona, es aquello que provoca en los demás con su “postureo” o fachada ?
Y el que emite ese “postureo”, en el fondo, ¿ no es cierto también su deseo para descubrirnos su “el mismo” en esencia.


No se, tengo tantas dudas, sobre todo, cuando no tengo nada que decir, nada que hablar, nada que contar, y nada mejor que hacer.

!Coño! Desde arriba veo mejor las telarañas del techo , me recordare a mi mismo que mañana cuando me despierte tengo que pasar por aquí el plumero.

De todas maneras que bien me veo desde aquí, aunque no se porque ese señor con un chaleco fluorescente se ha colocado encima de mi y se empeña en darme puñetazos en el pecho.

¡ME VA A DESPERTAR!

©Giliblogheces




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